gabriel.genri
PETROS
Como un de repente, como un de pronto las piedras llovieron, si es que las piedras pueden llover como un De Repente. O tal vez llovieron como un Ahora, o un Desde Siempre. O más bien como un Hasta Nunca, pronunciado por los labios que amas, y golpea haciendo jirones la piel y el corazón.
Esteban cayó de rodillas, apoyó sus manos en un intento inútil por reincorporarse. Entre los empujones y los insultos adivinó la risa de Saulo, el de Tarso. La sangre golpeaba su pecho y el miedo cerraba su garganta. No había nada por hacer. Las caras de odio del Sanedrín se reflejaban en el charco de su propia sangre.
FOTO: Antonio Berni
PETROS
Como un de repente, como un de pronto las piedras llovieron, si es que las piedras pueden llover como un De Repente. O tal vez llovieron como un Ahora, o un Desde Siempre. O más bien como un Hasta Nunca, pronunciado por los labios que amas, y golpea haciendo jirones la piel y el corazón.
Esteban cayó de rodillas, apoyó sus manos en un intento inútil por reincorporarse. Entre los empujones y los insultos adivinó la risa de Saulo, el de Tarso. La sangre golpeaba su pecho y el miedo cerraba su garganta. No había nada por hacer. Las caras de odio del Sanedrín se reflejaban en el charco de su propia sangre.
FOTO: Antonio Berni