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Chicharras de la Sierra de Guadarrama
De entre todos los órdenes de insectos, el de los Ortópteros, formado por saltamontes, chicharras y grillos, es uno de los que más endemismos (especies exclusivas de una zona) presenta. La Península Ibérica es, además, uno de los territorios europeos con mayor número de especies y donde un mayor número de dichas especies son endémicas. La escasa movilidad de estos insectos que, salvo unas pocas especies, presentan unas alas poco evolucionadas y que, en el mejor de los casos, apenas les sostienen unas decenas de metros y la particular orografía de nuestra Península con una presencia montañosa más que considerable, si la comparamos con la media europea, hacen de este territorio un auténtico paraíso para los ortópteros endémicos.
Si afinamos aún un poco más, existen unos ortópteros cuyas alas y tegminas están únicamente adaptadas a la producción de sonidos y por tanto su única forma de desplazamiento es utilizando sus patas, andando o realizando pequeños saltos, a este último grupo pertenecerían nuestras invitadas en esta entrada, las chicharras, también conocidas como grillos de matorral.
Existe cierta confusión entre la gente en general, que también refleja la RAE, al establecer la sinonimia entre chicharra y cigarra (esta última lejos de ser un ortóptero es un hemíptero homóptero), seguramente por aquello de referirse a insectos que producen un sonido monótono y “machacón” en los días más calurosos del año. Lo cierto es que Eugenio Morales Agacino, el prestigioso entomólogo español enunciaba en su trabajo de 1945 Las Chicharras Ibéricas, que estos animales de abdomen abultado no eran sino ortópteros ensíferos del las subfamilias Ephippigerinae y Pycnogastrinae, bastante conocidos en aquellos años por los hombres de campo pues constituían a veces plagas de melonares, viñedos, patatales, trigales y otros cultivos, tanto es así que existían una serie de preciosos nombres regionales para designar a las chicharras como son pantinganas en Aragón, carricantas y canturiñas en Galicia, papahigos en San Martin de Valdeiglesias (Madrid) y someretes en Cataluña.
La importancia de la Península Ibérica para las chicharras es incuestionable. Entre las fronteras españolas hay al menos 66 especies identificadas, aunque su conocimiento dista mucho aún de estar completo y en el futuro próximo no es nada descartable la fusión de varias de estas especies o la separación de otras. No obstante Maria Victoria Peinado en su tesis doctoral sobre los Tettigonioideos españoles afirmaba que debido al enorme número de especies de chicharras (de la subfamilia Ephippigerinae) que había en la Península con respecto a otras zonas de Europa y norte de África, y al elevado número de endemismos de nuestro País y considerando que son animales que han perdido la capacidad de vuelo, todo apuntaba a que el origen de esta subfamilia de
chicharras se encuentre en la Península Ibérica donde fue irradiándose a Centroeuropa y Norte de África.
Las chicharras son ortópteros de mediano y gran tamaño que cuentan con diseños que les permiten pasar desapercibidos en los arbustos y árboles en los que viven. Se alimentan principalmente de especies vegetales aunque no desdeñan el consumo de otros insectos, incluido el canibalismo, pese a que no están muy dotados para la caza. Las hembras se diferencian de los machos por tener un oviscapto u ovopositor en forma de larga "espada" al final del abdomen. Este detalle he observado que suele producir bastante temor en la gente que observa estas especies sin conocerlas, puesto que muchos piensan que pueden picar, clavar o incluso inyectar veneno a través de el, nada más lejos de la realidad pues el oviscapto le sirve a la hembra para dejar unos alargados huevos en la tierra o incluso en los tallos de algunos arbustos (depende de la especie) y son animales muy tímidos e indefensos cuyo sistema de defensa se limita, además de a su propio camuflaje y a esconderse ante la menor amenaza, a intentar morder si son asidas o a expulsar voluntariamente hemolinfa a través de su boca o cuerpo en un proceso que se denomina autohemorragia sin mayores consecuencias para nosotros (algunos autores refieren que esta hemolinfa puede irritar las mucosas o los ojos si alcanzan, a través de nuestras manos, estas áreas).
Una de las características más destacadas de las chicharras, es el canto, y es que, a pesar de ser animales muy tímidos, que se esconden a la menor sospecha de peligro, agitan sus tegminas donde tienen unos pequeños peines produciendo un sonido repetitivo y bastante particular (el chirrido). Esto lo hacen especialmente los machos aunque son contestados por las hembras. Cada especie tiene su canto, algunos extraordinariamente audibles como los del Pycnogaster jugicola y otros en frecuencias tan altas que una buena parte de la población (especialmente las personas de la tercera edad) tienen dificultades para oírlos como es el caso de las ephippigeridas.
Las chicharras han visto disminuidas sus poblaciones como muchos de los insectos, sobre todo aquellas que tenían relación con las zonas de cultivos o zonas más próximas al hombre. La pérdida del hábitat, la intensificación agraria y el uso de insecticidas de amplio espectro pueden estar detrás de estas enormes pérdidas de efectivos y biodiversidad. En la Sierra de Guadarrama, son muy pocos los trabajos que incluyen en su estudio estos insectos y lo cierto es que la mayoría hacen referencia a citas de otros trabajos previos o de animales depositados en las colecciones de museos cuyo etiquetado a veces resulta extraño para lo que nos estamos encontrando en la actualidad, por lo que, aunque están citadas bastantes especies, este conocimiento no ha sido realmente actualizado en los últimos 30 o 40 años o más.
Así, además de las 6 que presentamos aquí y que hemos podido encontrar tras algunos años de búsqueda, se han citado en su día las siguientes especies:
Albarracinia zapateri (cuyas citas pretéritas nos confirmaban su escasez y que podría haber desaparecido de la Sierra puesto que no se ha encontrado en los últimos años pese a las prospecciones realizadas por algunos entomólogos), Ephippigerida carinata y Ephippigerida saussuariana (sobre estas especies el entomólogo Joan Barat, uno de los mayores expertos atuales, en su trabajo Revisión preliminar de los géneros de Ephippigerini, alerta sobre la posibilidad de que estas especies no tengan valor taxonómico "Por otra parte conviene advertir que existen serias dudas en cuanto a la identidad o valor taxonómico de algunas especies de este género, especialmente entre las de los grupos E.diluta y E. saussuriana; E. areolaria, Ephippigerida carinata(Bolívar, 1877) y Ephippigerida longicauda (Bolívar, 1873); …"), también se ha citado la especie Steropleurus obsoletus (cuya descripción se basó en un sólo ejemplar encontrado en El Molar en 1898 y pese a las prospecciones posteriores nunca más se ha encontrado otro individuo de esta especie) y Steropleurus brunneri (que aunque tiene algunas citas antiguas en El Escorial o Colmenar Viejo parece que no sería una especie serrana y podría no estar presente en la Sierra), también hay una única cita de Platystolus surcularius en Matalpino que parece rara por ser esta una especie de zonas bajas y por su posible confusión con Platystolus martinezi).
Diferenciar entre las especies de chicharras en el campo no suele ser un trabajo fácil (el canto puede ayudar mucho), pero visualmente las diferencias son pequeñas y hay que fijarse en algunos pequeños detalles como la forma del pronoto y la presencia de quillas laterales y medias además de en el surco medial en este, la forma y color de las tegminas y sus areolas, también en los últimos terguitos abdominales de los machos, la forma de los cercos y la posición y forma del diente presente en estos, así como los últimos esternitos abdominales de las hembras y la forma y longitud del oviscapto que también han sido rasgos utilizados en el identificación.
A continuación pasamos a describir las especies encontradas:
Platystolus martinezi --> Endemismo central ibérico. Se trata de una especie de mediano tamaño que, en la Sierra de Guadarrama, habita áreas del piedemonte no subiendo generalmente por encima de los 1400 msnm,
se la puede encontrar entre julio y septiembre en zonas de matorral mediterráneo donde ocupa cardos y otras especies ruderales y de cultivos, es una especie que parece haber sufrido una importante regresión en la zona. La especie pueden ser fácilmente reconocibles por la presencia de fuertes quillas laterales en el pronoto así como por el color oscuro de sus tegminas también por la característica forma de los cercos de los machos.
Neocallicrania miegii --> Endemismo de la mitad occidental de la Península ibérica. Se trata de una especie de gran tamaño que puede ser encontrada en la Sierra desde el piedemonte hasta la alta montaña desde junio hasta septiembre, suele encontrarse bien distribuida aunque en números bajos, haciéndose más rara hacia la zona más oriental de la Sierra de Guadarrama. Suele encontrarse en arbustos o árboles de bajo porte, desde robledales hasta piornales o jabinales. Se reconoce bien por su gran tamaño, por el tono brillante de su cuerpo, por las quillas laterales muy marcadas del pronoto y por la forma de los cercos y disposición del diente en ellos.
Pycnogaster jugicola --> Endemismo de las montañas del centro de la Península Ibérica. Se trata de una especie de gran tamaño, que puede ser encontrada desde junio a septiembre desde los 1000 msnm siendo más común sobre todo en zonas de alta montaña, donde gusta especialmente de áreas de vegetación cerrada en collados bien venteados, donde permanece en los piornos o enebros siendo muy fácilmente detectable debido al poderoso y particular canto. Es la especie más fácilmente reconocible de las que aquí presentamos por la curiosa forma de su pronoto con quillas marcadas a lo largo de todo el, así como por el gran tamaño y el color oscuro de los imagos. Es una especie aún relativamente común en la alta montaña donde presenta una distribución amplia.
Lluciapomaresius stalii --> Endemismo de las montañas del centro de la Península Ibérica. Se trata de una especie de pequeño o mediano tamaño que ocupa, en la Sierra de Guadarrama, áreas de matorral o pinares entre los 1200 y los 2400 msnm. Puede ser encontrada desde julio hasta noviembre y se reconoce fácilmente por su canto corto y repetitivo aunque bien audible. Es la especie, con diferencia, más abundante de la
Sierra de Guadarrama, que pudiera haber sido favorecida por las plantaciones de pinos llevadas a cabo desde mediados del siglo XX, quizá desplazando a especies antes existentes como Albarracinia zapateri. Se encuentra en piornos, genistas, enebros, gencianas y una enorme variedad de arbustos y plantas de mediano porte. El reconocimiento de esta especie por su abundancia resulta sencillo si atendemos a la forma de su pronoto, en el cual hay ausencia de quilla media y las quillas laterales de la zona posterior de este (metazona) están poco marcadas y no llegan hasta el final (ojo en los ejemplares juveniles las quillas aparecen más marcadas). También la forma de los cercos y la posición del diente es bastante determinante para la identificación de los machos.
Ephippigerida areolaria --> Endemismo de las montañas de la mitad septentrional de la Península Ibérica. Es una especie de mediano tamaño, que aunque en algunas zonas aparece desde los 1200 msnm, está asociada a las cuerdas de los sistemas montañosos. En la Sierra de Guadarrama la encontramos desde julio hasta octubre en mayor abundancia por encima de los 2000 msnmm, se distribuye de manera heterogénea casi siempre en números bajos salvo en algunos áreas donde puede ser localmente abundante siempre en zonas donde permanece la nieve hasta bien entrada la primavera o incluso el verano. La correcta identificación de esta especie no es fácil debido a la enorme variabilidad de color y rasgos en el pronoto, pero básicamente la cabeza alargada y desproporcionada, el pronoto sin quillas laterales marcadas y con la quilla media y el surco medio muy marcados, la tegminas oscuras con los nervios amarillos y las areolas de tamaño considerable, así como los cercos cónicos con el diente en medio del lateral interno entero (sin escotadura) en los machos pueden ser rasgos que ayuden a su identificación.
Ephippigerida diluta --> Endemismo de la zona central de la Península ibérica. Es una especie de mediano tamaño que se extiende desde el llano hasta la alta montaña, siempre muy localizada y en números muy bajos salvo en algunas pocas zonas donde puede ser localmente abundante. En la Sierra de Guadarrama es más frecuente en sus confines occidentales donde puede subir por encima de los 1700 msnm, ocupando piornos, enebros, cardos carpetanos, etc. Su identificación no es fácil para los ojos no expertos ya que puede presentar una amplia variedad de diseños, la forma del pronoto con quillas laterales más marcadas que la especie anterior, con el surco central y la quilla media muy marcadas. Además el epiprocto linguiforme, los cercos cónicos y el diente situado en el lateral interno en la zona media pueden ayudar a establecer el género y la pequeña hendidura o escotadura en el centro del diente a establecer la especie en los machos.
Resulta paradójico que aún nuestras especies de ortópteros sean muy desconocidas para los naturalistas en general y falten estudios concluyentes en varios géneros. Máxime siendo uno de los países europeos con más variedad de estos insectos y habiendo sido una gran potencia en su estudio desde mediados del siglo XIX, cuando nació el eminente ortopterólogo patrio Ignacio Bolívar y su compañero Serafín Uhagón y luego tras una generación posterior de nuevos discípulos entomólogos como Manuel Martínez de la Escalera, Manuel Cazurro, Cándido Bolívar, etc.... Sin embargo, no han sido muchos los entomólogos que han cogido posteriormente el testigo de estos grandes hombres y han hecho del conocimiento de los ortópteros españoles el sujeto de su estudio, pese a ser animales ubicuos y fascinantes. Algunos países como Francia, Bélgica, Italia o Inglaterra ya han estudiado sus especies y se pueden adquirir guías de identificación muy útiles para aprender sobre estos insectos en el campo, sin embargo, para los ortópteros de España, tan proclives a la esclusividad (endemismos), la información, en muchos casos, está desperdigada y no esta actualizada. Para nuestros ortópteros me temo que aún tendremos que esperar algunos años y probablemente la genética tenga que ver en la definición de nuevas especies o en la fusión de algunas antiguas.
www.youtube.com/watch?v=oWPQFM64hXM
Chicharras de la Sierra de Guadarrama
De entre todos los órdenes de insectos, el de los Ortópteros, formado por saltamontes, chicharras y grillos, es uno de los que más endemismos (especies exclusivas de una zona) presenta. La Península Ibérica es, además, uno de los territorios europeos con mayor número de especies y donde un mayor número de dichas especies son endémicas. La escasa movilidad de estos insectos que, salvo unas pocas especies, presentan unas alas poco evolucionadas y que, en el mejor de los casos, apenas les sostienen unas decenas de metros y la particular orografía de nuestra Península con una presencia montañosa más que considerable, si la comparamos con la media europea, hacen de este territorio un auténtico paraíso para los ortópteros endémicos.
Si afinamos aún un poco más, existen unos ortópteros cuyas alas y tegminas están únicamente adaptadas a la producción de sonidos y por tanto su única forma de desplazamiento es utilizando sus patas, andando o realizando pequeños saltos, a este último grupo pertenecerían nuestras invitadas en esta entrada, las chicharras, también conocidas como grillos de matorral.
Existe cierta confusión entre la gente en general, que también refleja la RAE, al establecer la sinonimia entre chicharra y cigarra (esta última lejos de ser un ortóptero es un hemíptero homóptero), seguramente por aquello de referirse a insectos que producen un sonido monótono y “machacón” en los días más calurosos del año. Lo cierto es que Eugenio Morales Agacino, el prestigioso entomólogo español enunciaba en su trabajo de 1945 Las Chicharras Ibéricas, que estos animales de abdomen abultado no eran sino ortópteros ensíferos del las subfamilias Ephippigerinae y Pycnogastrinae, bastante conocidos en aquellos años por los hombres de campo pues constituían a veces plagas de melonares, viñedos, patatales, trigales y otros cultivos, tanto es así que existían una serie de preciosos nombres regionales para designar a las chicharras como son pantinganas en Aragón, carricantas y canturiñas en Galicia, papahigos en San Martin de Valdeiglesias (Madrid) y someretes en Cataluña.
La importancia de la Península Ibérica para las chicharras es incuestionable. Entre las fronteras españolas hay al menos 66 especies identificadas, aunque su conocimiento dista mucho aún de estar completo y en el futuro próximo no es nada descartable la fusión de varias de estas especies o la separación de otras. No obstante Maria Victoria Peinado en su tesis doctoral sobre los Tettigonioideos españoles afirmaba que debido al enorme número de especies de chicharras (de la subfamilia Ephippigerinae) que había en la Península con respecto a otras zonas de Europa y norte de África, y al elevado número de endemismos de nuestro País y considerando que son animales que han perdido la capacidad de vuelo, todo apuntaba a que el origen de esta subfamilia de
chicharras se encuentre en la Península Ibérica donde fue irradiándose a Centroeuropa y Norte de África.
Las chicharras son ortópteros de mediano y gran tamaño que cuentan con diseños que les permiten pasar desapercibidos en los arbustos y árboles en los que viven. Se alimentan principalmente de especies vegetales aunque no desdeñan el consumo de otros insectos, incluido el canibalismo, pese a que no están muy dotados para la caza. Las hembras se diferencian de los machos por tener un oviscapto u ovopositor en forma de larga "espada" al final del abdomen. Este detalle he observado que suele producir bastante temor en la gente que observa estas especies sin conocerlas, puesto que muchos piensan que pueden picar, clavar o incluso inyectar veneno a través de el, nada más lejos de la realidad pues el oviscapto le sirve a la hembra para dejar unos alargados huevos en la tierra o incluso en los tallos de algunos arbustos (depende de la especie) y son animales muy tímidos e indefensos cuyo sistema de defensa se limita, además de a su propio camuflaje y a esconderse ante la menor amenaza, a intentar morder si son asidas o a expulsar voluntariamente hemolinfa a través de su boca o cuerpo en un proceso que se denomina autohemorragia sin mayores consecuencias para nosotros (algunos autores refieren que esta hemolinfa puede irritar las mucosas o los ojos si alcanzan, a través de nuestras manos, estas áreas).
Una de las características más destacadas de las chicharras, es el canto, y es que, a pesar de ser animales muy tímidos, que se esconden a la menor sospecha de peligro, agitan sus tegminas donde tienen unos pequeños peines produciendo un sonido repetitivo y bastante particular (el chirrido). Esto lo hacen especialmente los machos aunque son contestados por las hembras. Cada especie tiene su canto, algunos extraordinariamente audibles como los del Pycnogaster jugicola y otros en frecuencias tan altas que una buena parte de la población (especialmente las personas de la tercera edad) tienen dificultades para oírlos como es el caso de las ephippigeridas.
Las chicharras han visto disminuidas sus poblaciones como muchos de los insectos, sobre todo aquellas que tenían relación con las zonas de cultivos o zonas más próximas al hombre. La pérdida del hábitat, la intensificación agraria y el uso de insecticidas de amplio espectro pueden estar detrás de estas enormes pérdidas de efectivos y biodiversidad. En la Sierra de Guadarrama, son muy pocos los trabajos que incluyen en su estudio estos insectos y lo cierto es que la mayoría hacen referencia a citas de otros trabajos previos o de animales depositados en las colecciones de museos cuyo etiquetado a veces resulta extraño para lo que nos estamos encontrando en la actualidad, por lo que, aunque están citadas bastantes especies, este conocimiento no ha sido realmente actualizado en los últimos 30 o 40 años o más.
Así, además de las 6 que presentamos aquí y que hemos podido encontrar tras algunos años de búsqueda, se han citado en su día las siguientes especies:
Albarracinia zapateri (cuyas citas pretéritas nos confirmaban su escasez y que podría haber desaparecido de la Sierra puesto que no se ha encontrado en los últimos años pese a las prospecciones realizadas por algunos entomólogos), Ephippigerida carinata y Ephippigerida saussuariana (sobre estas especies el entomólogo Joan Barat, uno de los mayores expertos atuales, en su trabajo Revisión preliminar de los géneros de Ephippigerini, alerta sobre la posibilidad de que estas especies no tengan valor taxonómico "Por otra parte conviene advertir que existen serias dudas en cuanto a la identidad o valor taxonómico de algunas especies de este género, especialmente entre las de los grupos E.diluta y E. saussuriana; E. areolaria, Ephippigerida carinata(Bolívar, 1877) y Ephippigerida longicauda (Bolívar, 1873); …"), también se ha citado la especie Steropleurus obsoletus (cuya descripción se basó en un sólo ejemplar encontrado en El Molar en 1898 y pese a las prospecciones posteriores nunca más se ha encontrado otro individuo de esta especie) y Steropleurus brunneri (que aunque tiene algunas citas antiguas en El Escorial o Colmenar Viejo parece que no sería una especie serrana y podría no estar presente en la Sierra), también hay una única cita de Platystolus surcularius en Matalpino que parece rara por ser esta una especie de zonas bajas y por su posible confusión con Platystolus martinezi).
Diferenciar entre las especies de chicharras en el campo no suele ser un trabajo fácil (el canto puede ayudar mucho), pero visualmente las diferencias son pequeñas y hay que fijarse en algunos pequeños detalles como la forma del pronoto y la presencia de quillas laterales y medias además de en el surco medial en este, la forma y color de las tegminas y sus areolas, también en los últimos terguitos abdominales de los machos, la forma de los cercos y la posición y forma del diente presente en estos, así como los últimos esternitos abdominales de las hembras y la forma y longitud del oviscapto que también han sido rasgos utilizados en el identificación.
A continuación pasamos a describir las especies encontradas:
Platystolus martinezi --> Endemismo central ibérico. Se trata de una especie de mediano tamaño que, en la Sierra de Guadarrama, habita áreas del piedemonte no subiendo generalmente por encima de los 1400 msnm,
se la puede encontrar entre julio y septiembre en zonas de matorral mediterráneo donde ocupa cardos y otras especies ruderales y de cultivos, es una especie que parece haber sufrido una importante regresión en la zona. La especie pueden ser fácilmente reconocibles por la presencia de fuertes quillas laterales en el pronoto así como por el color oscuro de sus tegminas también por la característica forma de los cercos de los machos.
Neocallicrania miegii --> Endemismo de la mitad occidental de la Península ibérica. Se trata de una especie de gran tamaño que puede ser encontrada en la Sierra desde el piedemonte hasta la alta montaña desde junio hasta septiembre, suele encontrarse bien distribuida aunque en números bajos, haciéndose más rara hacia la zona más oriental de la Sierra de Guadarrama. Suele encontrarse en arbustos o árboles de bajo porte, desde robledales hasta piornales o jabinales. Se reconoce bien por su gran tamaño, por el tono brillante de su cuerpo, por las quillas laterales muy marcadas del pronoto y por la forma de los cercos y disposición del diente en ellos.
Pycnogaster jugicola --> Endemismo de las montañas del centro de la Península Ibérica. Se trata de una especie de gran tamaño, que puede ser encontrada desde junio a septiembre desde los 1000 msnm siendo más común sobre todo en zonas de alta montaña, donde gusta especialmente de áreas de vegetación cerrada en collados bien venteados, donde permanece en los piornos o enebros siendo muy fácilmente detectable debido al poderoso y particular canto. Es la especie más fácilmente reconocible de las que aquí presentamos por la curiosa forma de su pronoto con quillas marcadas a lo largo de todo el, así como por el gran tamaño y el color oscuro de los imagos. Es una especie aún relativamente común en la alta montaña donde presenta una distribución amplia.
Lluciapomaresius stalii --> Endemismo de las montañas del centro de la Península Ibérica. Se trata de una especie de pequeño o mediano tamaño que ocupa, en la Sierra de Guadarrama, áreas de matorral o pinares entre los 1200 y los 2400 msnm. Puede ser encontrada desde julio hasta noviembre y se reconoce fácilmente por su canto corto y repetitivo aunque bien audible. Es la especie, con diferencia, más abundante de la
Sierra de Guadarrama, que pudiera haber sido favorecida por las plantaciones de pinos llevadas a cabo desde mediados del siglo XX, quizá desplazando a especies antes existentes como Albarracinia zapateri. Se encuentra en piornos, genistas, enebros, gencianas y una enorme variedad de arbustos y plantas de mediano porte. El reconocimiento de esta especie por su abundancia resulta sencillo si atendemos a la forma de su pronoto, en el cual hay ausencia de quilla media y las quillas laterales de la zona posterior de este (metazona) están poco marcadas y no llegan hasta el final (ojo en los ejemplares juveniles las quillas aparecen más marcadas). También la forma de los cercos y la posición del diente es bastante determinante para la identificación de los machos.
Ephippigerida areolaria --> Endemismo de las montañas de la mitad septentrional de la Península Ibérica. Es una especie de mediano tamaño, que aunque en algunas zonas aparece desde los 1200 msnm, está asociada a las cuerdas de los sistemas montañosos. En la Sierra de Guadarrama la encontramos desde julio hasta octubre en mayor abundancia por encima de los 2000 msnmm, se distribuye de manera heterogénea casi siempre en números bajos salvo en algunos áreas donde puede ser localmente abundante siempre en zonas donde permanece la nieve hasta bien entrada la primavera o incluso el verano. La correcta identificación de esta especie no es fácil debido a la enorme variabilidad de color y rasgos en el pronoto, pero básicamente la cabeza alargada y desproporcionada, el pronoto sin quillas laterales marcadas y con la quilla media y el surco medio muy marcados, la tegminas oscuras con los nervios amarillos y las areolas de tamaño considerable, así como los cercos cónicos con el diente en medio del lateral interno entero (sin escotadura) en los machos pueden ser rasgos que ayuden a su identificación.
Ephippigerida diluta --> Endemismo de la zona central de la Península ibérica. Es una especie de mediano tamaño que se extiende desde el llano hasta la alta montaña, siempre muy localizada y en números muy bajos salvo en algunas pocas zonas donde puede ser localmente abundante. En la Sierra de Guadarrama es más frecuente en sus confines occidentales donde puede subir por encima de los 1700 msnm, ocupando piornos, enebros, cardos carpetanos, etc. Su identificación no es fácil para los ojos no expertos ya que puede presentar una amplia variedad de diseños, la forma del pronoto con quillas laterales más marcadas que la especie anterior, con el surco central y la quilla media muy marcadas. Además el epiprocto linguiforme, los cercos cónicos y el diente situado en el lateral interno en la zona media pueden ayudar a establecer el género y la pequeña hendidura o escotadura en el centro del diente a establecer la especie en los machos.
Resulta paradójico que aún nuestras especies de ortópteros sean muy desconocidas para los naturalistas en general y falten estudios concluyentes en varios géneros. Máxime siendo uno de los países europeos con más variedad de estos insectos y habiendo sido una gran potencia en su estudio desde mediados del siglo XIX, cuando nació el eminente ortopterólogo patrio Ignacio Bolívar y su compañero Serafín Uhagón y luego tras una generación posterior de nuevos discípulos entomólogos como Manuel Martínez de la Escalera, Manuel Cazurro, Cándido Bolívar, etc.... Sin embargo, no han sido muchos los entomólogos que han cogido posteriormente el testigo de estos grandes hombres y han hecho del conocimiento de los ortópteros españoles el sujeto de su estudio, pese a ser animales ubicuos y fascinantes. Algunos países como Francia, Bélgica, Italia o Inglaterra ya han estudiado sus especies y se pueden adquirir guías de identificación muy útiles para aprender sobre estos insectos en el campo, sin embargo, para los ortópteros de España, tan proclives a la esclusividad (endemismos), la información, en muchos casos, está desperdigada y no esta actualizada. Para nuestros ortópteros me temo que aún tendremos que esperar algunos años y probablemente la genética tenga que ver en la definición de nuevas especies o en la fusión de algunas antiguas.
www.youtube.com/watch?v=oWPQFM64hXM