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UN MEGACONCIERTO MICRO
UN MEGACONCIERTO MICRO
Orlando Luis Pardo Lazo
Un megaconcierto que duró sólo un par de minutos: eso sí que es un
record Guiness.
El millón no sé cuántos mil de espectadores en la Plaza de la
Revolución parece un paupérrimo 1,15% de tampoco sé qué.
Lo cierto es que un clip privado de audio
(www.penultimosdias.com/2009/09/23/23924/) suena más sincero y
humano que toda la parafernalia de slogans entrecortados del
súper-show del domingo 20 de Septiembre.
Juanes 20:9. Este evangelio de pasillo de Hotel Nacional sí resuena
con ecos de la verdad y, ya sabemos, sólo La Verdad Nos Hará Libres
(así, en mayúsculas si no bíblicas, por lo menos bibliómanas).
Los músicos están insultados. Un insulto estético más que ético. Se
sienten traicionados por los segurosos que lo mismo despachan desayuno
que teclean un SMS escondidos en el closet.
Pero no hay tal traición, queridos amigos de la juventud y el futuro
cubanos. Simplemente se le has permitido un privilegio. Han asistido a
un acto sacramental de la cubanía. Les ha sido concedido el don de
darse cuenta en carne propia de un esbozo del espionaje estatal.
Existencialmente, ¿qué más se puede pedir en apenas un fin de semana?
A partir de ahora sí llevan a Cuba en el corazón (y en la boca del
estómago). Incluso se le podría entregar a cada uno un simbólico
carnet de identidad o libreta de racionamiento. Los agentes undercover
no saben lo que han hecho (o sí, pues no se trata de agravio sino de
homenaje): nos han unido para siempre.
Si Bosé eres tú y Juanes soy yo. No sé por qué piensas tú, Tañón, que
te oigo yo...
Sólo por eso era muy importante que Juanes & Compañía pasaran por Cuba.
Para que se impregnaran y empingaran un poco con nuestra perenne y
perversa pasarela de persecución.
UN MEGACONCIERTO MICRO
UN MEGACONCIERTO MICRO
Orlando Luis Pardo Lazo
Un megaconcierto que duró sólo un par de minutos: eso sí que es un
record Guiness.
El millón no sé cuántos mil de espectadores en la Plaza de la
Revolución parece un paupérrimo 1,15% de tampoco sé qué.
Lo cierto es que un clip privado de audio
(www.penultimosdias.com/2009/09/23/23924/) suena más sincero y
humano que toda la parafernalia de slogans entrecortados del
súper-show del domingo 20 de Septiembre.
Juanes 20:9. Este evangelio de pasillo de Hotel Nacional sí resuena
con ecos de la verdad y, ya sabemos, sólo La Verdad Nos Hará Libres
(así, en mayúsculas si no bíblicas, por lo menos bibliómanas).
Los músicos están insultados. Un insulto estético más que ético. Se
sienten traicionados por los segurosos que lo mismo despachan desayuno
que teclean un SMS escondidos en el closet.
Pero no hay tal traición, queridos amigos de la juventud y el futuro
cubanos. Simplemente se le has permitido un privilegio. Han asistido a
un acto sacramental de la cubanía. Les ha sido concedido el don de
darse cuenta en carne propia de un esbozo del espionaje estatal.
Existencialmente, ¿qué más se puede pedir en apenas un fin de semana?
A partir de ahora sí llevan a Cuba en el corazón (y en la boca del
estómago). Incluso se le podría entregar a cada uno un simbólico
carnet de identidad o libreta de racionamiento. Los agentes undercover
no saben lo que han hecho (o sí, pues no se trata de agravio sino de
homenaje): nos han unido para siempre.
Si Bosé eres tú y Juanes soy yo. No sé por qué piensas tú, Tañón, que
te oigo yo...
Sólo por eso era muy importante que Juanes & Compañía pasaran por Cuba.
Para que se impregnaran y empingaran un poco con nuestra perenne y
perversa pasarela de persecución.