BonhomíaXXI
Fumar y conversar
Alarga la mano y alcanza el pantalón. Del bolsillo extrae una arrugada cajetilla de tabaco y unas pocas cerillas. Consigue salvar un par de pitillos mentolados. Los milagros, ridículos, como cualquier satisfacción barata, aún existen.
—¿Quieres fumar? —dice, encendiendo uno y poniéndoselo en la boca.
—Debe ser muy tarde —murmura; y deja escapar el humo juguetón—, quizá esté preocupada.
—¿Lo dices en serio?
—Claro.
Se rasca el cogote y deja entrever la húmeda punta de la lengua.
—Es una inútil. Sólo sabe beber y drogarse. A veces ni eso.
—Hablas así porque no la conoces. Es adorable.
—Estupendo.
—Al menos, no se merece que le hagan esto.
—La compadeces.
—Es mejor que tú y que yo. Míranos.
—Por supuesto.
Ahora arruga el ceño, aplasta la colilla y suspira, la mueca es evidente y no se molesta en intentar ocultar un hastío explícito como los colmillos inútiles de un tigre enjaulado.
—Cambiemos de tema. ¿Qué tal ayer con tus padres? ¿Siguen a la gresca o ya han partido peras de una vez por todas? Estoy pensando que deberíamos tomarnos unos días de vacaciones, muy lejos del mundo. O construirnos un refugio subterráneo anti bombas, o hacer una barbacoa en la luna para celebrar que no es domingo. Cualquier sugerencia es bienvenida para olvidarnos de tu amiguita la interesante.
Fumar y conversar
Alarga la mano y alcanza el pantalón. Del bolsillo extrae una arrugada cajetilla de tabaco y unas pocas cerillas. Consigue salvar un par de pitillos mentolados. Los milagros, ridículos, como cualquier satisfacción barata, aún existen.
—¿Quieres fumar? —dice, encendiendo uno y poniéndoselo en la boca.
—Debe ser muy tarde —murmura; y deja escapar el humo juguetón—, quizá esté preocupada.
—¿Lo dices en serio?
—Claro.
Se rasca el cogote y deja entrever la húmeda punta de la lengua.
—Es una inútil. Sólo sabe beber y drogarse. A veces ni eso.
—Hablas así porque no la conoces. Es adorable.
—Estupendo.
—Al menos, no se merece que le hagan esto.
—La compadeces.
—Es mejor que tú y que yo. Míranos.
—Por supuesto.
Ahora arruga el ceño, aplasta la colilla y suspira, la mueca es evidente y no se molesta en intentar ocultar un hastío explícito como los colmillos inútiles de un tigre enjaulado.
—Cambiemos de tema. ¿Qué tal ayer con tus padres? ¿Siguen a la gresca o ya han partido peras de una vez por todas? Estoy pensando que deberíamos tomarnos unos días de vacaciones, muy lejos del mundo. O construirnos un refugio subterráneo anti bombas, o hacer una barbacoa en la luna para celebrar que no es domingo. Cualquier sugerencia es bienvenida para olvidarnos de tu amiguita la interesante.