Jesús Nicolás Sánchez
Mi casa
Y si emblemático en los Arribes del Duero salmantinos es la famosa Peña Gorda que veíamos en mi imagen previa, este valle de origen glaciar lo es por excelencia en la sierra de Béjar. Difícil pelearse en la edición de la foto con ese deslumbramiento del sol, pero la imagen me gusta especialmente, aunque quizás solo sea porque me retrotrae a momentos que no quisiera borrar nunca. Imagen de hace ya bastantes años, como podéis ver.
Tras ponerse el sol y montar nuestra tienda de campaña sobre la nieve de la izquierda con un tiempo absolutamente en calma, con brumas vaporosas que subían desde el circo glaciar, una espectacular tormenta de viento y nieve hizo que la tranquila noche de fotografía nocturna que habíamos planeado se convirtiera en una toledana experiencia en la que no conseguimos pegar ojo: ¿se trataba de una ciclogénesis explosiva?, pues probablemente lo fuera, sí, con vientos cercanos a los 100 kms/h, o quizás superiores. Tras quitarle las varillas a nuestro refugio de tela para que el vendaval no las hiciera trizas, mi compañero de fatigas montañeras (www.flickr.com/photos/184583586@N03/51345746575/in/album-...) y yo aguantamos como pudimos sin dormir durante aquella larga noche, arrebujados dentro de una tienda de campaña echada al suelo y azotados por sus propias telas en medio de un ruido ensordecedor que no cesaba, como si un tren desbocado aullara hacia nosotros cada pocos minutos. Aunque parecía que nunca iba a amanecer, finalmente lo hizo, y con la ayuda del GPS regresamos a la mañana siguiente hasta nuestro vehículo, sin más contratiempos que pelearnos con las continuas ráfagas de viento y nieve, en una prueba que nos hizo más fuertes y, sin duda, más experimentados.
Amigos, las fuerzas de la naturaleza siempre mandan, y si no te adaptas te parten. Ser flexibles como los juncos ayuda a superar los vendavales.
Mi casa
Y si emblemático en los Arribes del Duero salmantinos es la famosa Peña Gorda que veíamos en mi imagen previa, este valle de origen glaciar lo es por excelencia en la sierra de Béjar. Difícil pelearse en la edición de la foto con ese deslumbramiento del sol, pero la imagen me gusta especialmente, aunque quizás solo sea porque me retrotrae a momentos que no quisiera borrar nunca. Imagen de hace ya bastantes años, como podéis ver.
Tras ponerse el sol y montar nuestra tienda de campaña sobre la nieve de la izquierda con un tiempo absolutamente en calma, con brumas vaporosas que subían desde el circo glaciar, una espectacular tormenta de viento y nieve hizo que la tranquila noche de fotografía nocturna que habíamos planeado se convirtiera en una toledana experiencia en la que no conseguimos pegar ojo: ¿se trataba de una ciclogénesis explosiva?, pues probablemente lo fuera, sí, con vientos cercanos a los 100 kms/h, o quizás superiores. Tras quitarle las varillas a nuestro refugio de tela para que el vendaval no las hiciera trizas, mi compañero de fatigas montañeras (www.flickr.com/photos/184583586@N03/51345746575/in/album-...) y yo aguantamos como pudimos sin dormir durante aquella larga noche, arrebujados dentro de una tienda de campaña echada al suelo y azotados por sus propias telas en medio de un ruido ensordecedor que no cesaba, como si un tren desbocado aullara hacia nosotros cada pocos minutos. Aunque parecía que nunca iba a amanecer, finalmente lo hizo, y con la ayuda del GPS regresamos a la mañana siguiente hasta nuestro vehículo, sin más contratiempos que pelearnos con las continuas ráfagas de viento y nieve, en una prueba que nos hizo más fuertes y, sin duda, más experimentados.
Amigos, las fuerzas de la naturaleza siempre mandan, y si no te adaptas te parten. Ser flexibles como los juncos ayuda a superar los vendavales.