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Pito negro

Para dejar por ahora algunas especies típicas de la Cordillera Cantábrica, voy a añadir esta imagen de un macho de pito negro (Dryocopus martius) captado entre los árboles de una vaguada muy pronunciada, húmeda y con una línea de álamos que trepaban junto a las orillas del arroyo. Me niego a cambiarle el nombre por el de picomaderos negro, con el que se le ha rebautizado en la actualidad porque me parece una manía que no está bien explicada aún. Me parece más lógico eliminar el término "vulgar" a todas las aves que puedan aún llevarlo, como los pinzones, los cernícalos o los cisnes, por ejemplo, y dejarse de mandangas como lo de decir ahora "aguililla calzada", "busardo ratonero", "gangas ortegas", "ruiseñor pechiazul" y otros muchos casos similares.

 

Pero vayamos al pito negro. La familia de los Picidae está compuesta por una treintena de géneros y más de 200 especies en total. Picos, pitos, picomaderos, torcecuellos, pájaros carpinteros, etc. ocupan todas las regiones del planeta, excepto las regiones polares y, curiosamente, Australia y Madagascar. Nuestro pito negro pertenece al género Dryocopus que cuenta con nada menos que 7 especies distintas. Es un pájaro típico de bosques umbríos formados principalmente por abetales y hayedos. El relincho de su reclamo en lo más profundo de un hayedo cantábrico es algo que no se olvida una vez que lo escuchas la primera vez. Intenso, es la voz del misterio que guardan estas densas masas forestales. En nuestra geografía lo podemos escuchar tanto en esta cordillera como en los Pirineos, donde se alimenta de una gran cantidad de insectos xilófagos y hormigas, realizando una labor importante de control de plagas, especialmente de estos escarabajos que se alimentan de madera.

 

La imagen está realizada, como decía al principio, en una vaguada muy pronunciada, lo que nos permitía situarnos a su altura cada vez que se posaba en la ladera contraria. El nido lo tenía en las cercanías y siempre se posaba en ciertos árboles camino del mismo, vigilando que no hubiera predadores en las cercanías. Esto nos facilitaba la sesión. A pecho descubierto pero situándonos lejos, a la sombra para que no brillara nada metálico o plástico, y manteniendo un comportamiento muy tranquilo, los padres iban y venían sin mayor problema, obviando completamente nuestra presencia. El mayor peligro era perder rodando algo de material por la ladera, verdaderamente inclinada, casi al límite de lo que nos permítiría mantenernos en el sitio.

 

Un saludo.

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Uploaded on June 7, 2020
Taken on May 19, 2019